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La pandemia de COVID-19 ha cambiado muchas cosas. Una de las novedades que parece haber llegado para quedarse está en nuestros patrones de consumo en el sector de la alimentación. ¿Cuánto producto perecedero comprábamos en línea antes? ¿Y ahora? Hoy no podríamos pasar sin un embalaje isotérmico de calidad…

Embalaje isotérmico: ¿cómo elegir el mejor packaging de comida para llevar?

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La pandemia de COVID-19 ha cambiado muchas cosas. Una de las novedades que parece haber llegado para quedarse está en nuestros patrones de consumo en el sector de la alimentación. ¿Cuánto producto perecedero comprábamos en línea antes? ¿Y ahora? Hoy no podríamos pasar sin un embalaje isotérmico de calidad…

De esta forma, las empresas de los sectores de la distribución, la alimentación y la restauración tienen ante sí un nuevo desafío: mantener un servicio de calidad (con los exigentes criterios que tenemos al tratar con alimento perecedero) ante un volumen de mercado mucho mayor que antes. Una de las claves está en el embalaje para las entregas de alimentos a domicilio.

El boom de la comida para llevar

Podemos estar hablando de pedir al supermercado que nos traiga la compra semanal, de comprar online productos alimentarios, de packs con ingredientes para la elaboración de recetas o de encargar comida preparada y lista para consumir (sea a domicilio, sea para recoger). El caso es que cualquier modelo de negocio relacionado con el comercio electrónico ha notado un cambio brusco; y en el terreno de la alimentación, más.

Esto se ha notado todavía más, si cabe, en España que en otros mercados. Mientras en otros países de nuestro entorno la compra online de comida y de productos perecederos estaba ya muy asentada, el consumidor español era todavía bastante reticente. Hoy, esa tendencia tímida en la prepandemia está consolidada. Y parece que va en aumento.

Desde luego, uno de los aspectos más críticos en este ámbito es el transporte en frío (o en caliente, cuando hablamos de alimentos listos para comer). Establecimientos de restauración, proveedores de producto fresco y empresas distribuidoras tienen claro que el embalaje isotérmico no es una opción; pero, además, puede ser una oportunidad.

Para cada opción, su solución

En los momentos de transformación, una pequeña diferencia puede convertirse en una gran ventaja comparativa. El packaging constituye un ejemplo de libro: hace años que se vienen combinando las necesidades de protección con las necesidades de presentación; ahora, podemos optar por el tres en uno: un embalaje eficiente para transportar en frío y para dar la mejor imagen de nuestra marca.

Entonces, ¿cuál sería el embalaje isotérmico idóneo? Solo cabe una respuesta, claro: depende del producto. No es lo mismo contenedor isotérmico para alimentos frescos que para producto congelado; no es igual mover grandes volúmenes que trabajar en retail; la diferencia entre gran distribución y reparto de última milla es abismal.

Lo que sí podemos afirmar es que hay un puñado de características que añaden valor a nuestro embalaje a temperatura controlada, se trate de lo que se trate. Apunta:

  • Es evidente que debe mantener la cadena de frío, pero si además el embalaje es de fácil uso, ocupa poco espacio y puede reutilizarse, nuestro negocio lo notará.
  • El embalaje es lo primero que el cliente ve de nuestro producto cuando llega a sus manos. Conviene, por tanto, cuidarlo con mimo y personalizarlo en la medida de lo posible.
  • Por una cuestión de imagen de marca pero sobre todo por responsabilidad social corporativa, apostemos por un embalaje ecológico (y, cuando sea posible, reutilizable).

 

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