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Somos, por defecto, una sociedad de consumo acostumbrada a disponer de una gran variedad de productos que satisfacen las necesidades individuales. La compra de alimentos o ropa, por ejemplo, ya no depende únicamente de la supervivencia. La elección y la preferencia juegan su papel y, en un intento de mantener sus productos lo más atractivos posible, las empresas se esfuerzan por mejorar continuamente. A medida que han ido surgiendo nuevas necesidades, se han creado nuevos mercados que han dado lugar a un mayor consumo de productos. Pero existe la otra cara de la moneda.

GREENIN, nuevas tendencias en embalaje isotérmico

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Somos, por defecto, una sociedad de consumo acostumbrada a disponer de una gran variedad de productos que satisfacen las necesidades individuales. La compra de alimentos o ropa, por ejemplo, ya no depende únicamente de la supervivencia. La elección y la preferencia juegan su papel y, en un intento de mantener sus productos lo más atractivos posible, las empresas se esfuerzan por mejorar continuamente. A medida que han ido surgiendo nuevas necesidades, se han creado nuevos mercados que han dado lugar a un mayor consumo de productos. Pero existe la otra cara de la moneda.

El aumento de la producción y el consumo de materiales de embalaje implica un aumento de la producción de residuos al final de su vida útil. Según un estudio de la Fundación Ellen MacArthur, en todo el mundo unos 8 millones de toneladas de residuos plásticos acaban en los océanos cada año, la mayoría de ellos procedentes de productos alimenticios y bebidas, según la Agencia de Protección del Medio Ambiente.

Cuestiones como la pandemia han dado lugar a más residuos de plástico, con una gran cantidad de equipos de protección (EPI) desechados sin cuidado. Cada vez más, las cuestiones relativas a la sostenibilidad, el medio ambiente, la ética, la seguridad, la calidad y el coste de los productos se están convirtiendo en algo crucial para los consumidores actuales en sus decisiones de compra.

La mayor concienciación entre los consumidores y las industrias en torno a las preocupaciones medioambientales está aumentando el mercado de los embalajes ecológicos; se espera que registre una CAGR (tasa de crecimiento anual compuesta) del 5,7% durante el periodo de previsión de 2021-26.

Durante la última década, el reciclaje ha sido reconocido como una necesidad racional, en comparación con las prácticas tradicionales alternativas como los depósitos en vertederos o la incineración. En algunos países europeos, se está convirtiendo en una necesidad legal a medida que se aplican las normativas de embalaje. En la India, se ha prohibido el uso de embalajes de plástico para determinados fines y la mayoría de los supermercados británicos se han comprometido a eliminar los plásticos innecesarios de un solo uso para 2025, en virtud del Pacto sobre los Plásticos del Reino Unido.

Este cambio de mentalidad está haciendo que el «greening» sea una de las principales tendencias en crecimiento en los nuevos sistemas de embalaje. Pero, ¿por qué ha cobrado tanta fuerza la ecología? Los embalajes ecológicos o sostenibles implican el uso de materiales y métodos de fabricación que tienen un bajo impacto tanto en el consumo de energía como en el medio ambiente. La ecología también tiene en cuenta el ciclo de vida del producto y los problemas de eliminación en el proceso de diseño inicial.

Este cambio ha sido una prioridad para las empresas desde principios de 2020, cuando muchas se decantaron por alternativas ecológicas como el plástico reciclado (rPET), ya que se invirtió dinero para encontrar una tecnología de embalaje innovadora que ayudara al medio ambiente. Estas iniciativas sostenibles ya han avanzado mucho, lo que ha llevado a los fabricantes a rebajar los materiales de origen, creando embalajes más finos y ligeros que reducen los residuos.

Algunas de las alternativas actuales que están ganando la atención de las empresas son las comestibles o biodegradables, o el aprovechamiento del plástico de los océanos y las playas como alternativa a la creación de nuevo plástico.

La ecologización de los sistemas de embalaje es una preocupación mundial creciente, hasta el punto de que algunos de nuestros clientes se dirigen a nosotros para optimizar su huella medioambiental.

Para satisfacer las demandas de los clientes y contribuir a sus crecientes compromisos de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), la división de I+D de Tempack ha estado muy ocupada innovando, centrándose en el uso de materiales reciclables y en el desarrollo de sistemas de embalaje reutilizables, sin dejar de cumplir con las necesidades globales de envío de la cadena de frío del sector. En concreto, Tempack ha invertido en

  • Sistemas sin espuma
  • Materiales aislantes naturales
  • Polímeros biodegradables
  • Geles refrigerantes ecológicos, etc.

Además, como empresa, también trabajamos para disminuir nuestra huella de carbono. En agosto de 2020 instalamos paneles solares que nos permitieron generar nuestra propia energía y convertirnos en una empresa más sostenible, logrando grandes resultados como la reducción de CO2 en 18,57 toneladas.