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Hielo seco y productos alimentarios perecederos, ¿un buen tándem?

Hielo seco y productos alimentarios perecederos, ¿un buen tándem?

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Es blanco, desde luego está frío, lo verás en polvo o en bloque y tiene una atractiva aura de misterio por aquello del “humo” que libera y su habilidad para desvanecerse como si nunca hubiera existido. El hielo seco se ha convertido en un recurso habitual para conservar productos alimentarios perecederos durante su distribución con toda razón.

Y es que tiene muchas características que lo hacen ideal para tal propósito; pero, por otro lado, también tiene un puñado de inconvenientes serios que hay que conocer si queremos emplearlo con seguridad. Además, conviene saber que existe una alternativa excelente: los acumuladores de frío.

¿Qué es el hielo seco?

Dióxido de carbono. Así de simple. Lo que pasa es que (como sabrás) el CO2 es un gas, y aquí tenemos un sólido. ¿Cómo se consigue? Congelando el dióxido de carbono a -78,5 °C se obtiene una especie de nieve carbónica, y comprimiendo esta nieve obtenemos piezas sólidas, normalmente bajo la forma de pellets.

Desde luego, tiene grandes virtudes para mantener productos alimentarios perecederos bajo temperatura controlada. Es incoloro, inodoro e insípido, y no resulta tóxico. La sublimación (el “derretimiento”) no deja ningún residuo solo un gas que se desvanece completamente. Y está, sobre todo, su alta capacidad frigorífica: 152 kilofrigorías/kg.

Las amistades peligrosas

El hielo seco sigue siendo un buen amigo del transporte a temperatura ambiente, pero adolece de ciertos riesgos inherentes que no pueden pasarse por alto. Los inconvenientes del hielo seco proceden de las dificultades de manejo que acarrea su uso, que pueden llegar a ser verdaderamente peligrosas. Señalamos los tres más relevantes:

  • Riesgo de daños en el producto. Debido a su baja temperatura debe manipularse con guantes, gafas y mucha cautela, pues provoca quemaduras por frío. ¿Qué ocurre si accidentalmente entra en contacto con el producto que transportamos? Lo más probable es que se queme.
  • Riesgo de asfixia. El primer uso comercial de la nieve carbónica fue en extintores por su capacidad de sofocación: desplaza el oxígeno al ser más pesado. Por eso, su alta concentración en entornos cerrados (sótanos, almacenes, por supuesto vehículos) puede provocar desvanecimientos e incluso asfixia.
  • Riesgo de explosión. ¿Podría llegar a explotar? Suena difícil de creer, pero así es. Este gas tiende a expandirse mucho al irse calentando; si se coloca en un contenedor hermético, sin ventilación, genera una gran presión que podría hacer reventar el recipiente.

Los acumuladores de frío, la alternativa

Si el hielo seco te genera dudas por estos factores que señalábamos, puedes recurrir a otros métodos. Los acumuladores de frío son sin duda el más eficiente entre ellos. Son esos envases con un líquido o gel eutéctico que, desde un punto determinado de temperatura, van absorbiendo calor (o liberando frío, que es lo mismo).

En el caso de los productos alimentarios perecederos más delicados son especialmente funcionales. Al poder optar por diferentes puntos de fusión en el relleno podemos manejar diferentes rangos de temperatura. Más importante, su escalón de restitución es muy estable, evitando variaciones drásticas de temperatura.

Como podrás imaginar existen diferentes modelos… En el ámbito profesional suele apostarse por el acumulador rígido de congelación debido a su robustez y buena parte de nuestros productos se diseñan con ellos en mente. No solamente es más difícil una rotura que estropee el producto a transportar; también tiene una vida útil mucho más larga, algo esencial cuando trabajamos con envases reutilizables.

 

El frío a tu medida

Desde luego, cada modelo de negocio debe encontrar las soluciones de frío que más le convengan; desde Tempack de ayudamos a dar con el perfecto para ti.