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Los patrones de consumo de productos perecederos varían de forma estacional, y la Navidad es la mejor prueba, con un perfil muy definido.

¡Más marisco! El consumo de productos perecederos en Navidad

Perishable products Christmas

“¡Más madera!”, gritaban (más o menos) los hermanos Marx en el Oeste; y “¡más marisco!” parecen aullar las familias españolas cuando se aproximan las fechas entrañables por antonomasia, la Navidad. Las luces callejeras, la decoración de escaparates y los anuncios de juguetes y perfumes no son lo único que cambia y aumenta en esta época del año; los patrones de consumo de productos perecederos también lo hacen.

Si todos los patrones de consumo se alteran en esta época del año, el boom de los alimentos perecederos en Navidad es, sencillamente, espectacular; bueno no de todos los perecederos, solamente algunos. Vamos a repasar qué productos son y por qué un transporte en frío controlado es fundamental, para un gran número de negocios y comercios de alimentación.

Marisco y pescado; pero no solo eso…

Sí, no cabe duda, el marisco y el pescado son los absolutos protagonistas en las mesas navideñas y se llevan la parte del león en los presupuestos familiares. Almejas, langostinos y cigalas son los principales representantes de los crustáceos; por el lado de los pescados están la merluza, la lubina y, por supuesto, el besugo.

La carne (principalmente de cordero y cabrito) es el otro alimento perecedero cuyo consumo se dispara en estas fiestas. Mientras otros productos cárnicos también se consumen masivamente sin problemas de preservación (el jamón serrano sería el mejor ejemplo), los españoles seguimos prefiriendo comprar la carne fresca y a última hora.

Y no podemos olvidar la popularidad de esas otras “delicatessen” de alta gama que suelen aterrizar en casa solamente por estas fechas y que necesitan refrigeración. Nos referimos por ejemplo a embutidos cocidos y quesos frescos premium; a semiconservas como los pescados ahumados, las anchoas o el caviar; a patés de todo tipo y condición. Y, por supuesto, ¡algunos turrones también necesitan frío!

¡Vigila la cadena de frío!

Si algo tienen en común estos productos (y muy particularmente el pescado y el marisco) es su alto grado de perecibilidad; duran poco en buen estado. Este hecho, unido a la conveniencia de adquirirlos en fechas cercanas a su consumo, hace necesaria una atención particular a un mantenimiento óptimo de la cadena de frío.

No, no basta con que esté nevando fuera; hay que ponerse serios con esto para poder garantizar a nuestros clientes un consumo de productos precederos refrigerados en perfecto estado para evitar así riesgos sanitarios. Es fundamental respetar los protocolos de transporte, almacenaje y etiquetado tanto para producto refrigerado como para producto congelado.

El embalaje adecuado es… el adecuado

A lo largo de todo el camino que el alimento hace desde su lugar de origen hasta el plato del comensal hay un elemento que no debe faltar: el embalaje isotérmico para alimentos sensibles a los cambios de temperatura. No solo brinda seguridad al comerciante y a sus clientes, también es un factor interesante en el crecimiento del negocio y aporta un valor añadido en términos de packaging.

Sean alimentos refrigerados o alimentos congelados, serán las características del producto y las circunstancias logísticas (tiempos, distancias y etapas) las que determinen el tipo de embalaje ideal para temperatura controlada. En muchos casos es necesario usar embalajes isotérmicos de un solo uso, mientras que en otros casos será posible recurrir a contenedores reutilizables de frío controlado.

¡Feliz, fresca y bien preservada Navidad!

Que la Navidad sea tan feliz como nos proponemos depende, entre otras cosas, de un consumo de productos precederos en perfecto estado.