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El transporte de bienes perecederos a temperatura controlada ha llegado a una encrucijada. Se trata de saber si es posible un transporte refrigerado sostenible tal y como lo conocemos, o si debemos buscar alternativas más eficientes basadas en el frío pasivo. Sí, es una pregunta retórica: la respuesta correcta es la B.

¿Transporte refrigerado sostenible? El frío pasivo lo hace posible

El transporte de bienes perecederos a temperatura controlada ha llegado a una encrucijada. Se trata de saber si es posible un transporte refrigerado sostenible tal y como lo conocemos, o si debemos buscar alternativas más eficientes basadas en el frío pasivo. Sí, es una pregunta retórica: la respuesta correcta es la B.

Sin duda, esto pasa por una reconfiguración absoluta del modelo actual basado en el frío activo. Por supuesto que será un cambio traumático para muchos sectores y empresas; también una ventaja comparativa para quienes apuesten por el cambio con decisión. Tanto los desafíos ambientales como las exigencias legales nos marcan las pautas.

El problema del transporte refrigerado tradicional

Para aspirar a un transporte refrigerado sostenible de verdad tenemos que entender que los sistemas de frío activo o de refrigeración mecánica requieren un input de energía para funcionar. Puede ser un combustible o una conexión a la red eléctrica, pero sea como fuere, esto supone un tanto un consumo de energía como la generación de residuos contaminantes.

La energía que alimenta el compresor debe proceder de algún sitio, y los residuos deben ir a alguna parte. Y ese es el problema cuando llegamos a la cuestión de reducir nuestra huella de carbono y las emisiones de GEI en entornos urbanos. El esfuerzo por reducir el impacto de los vehículos refrigerados es ingente (y muy loable), pero de una efectividad necesariamente limitada.

Vehículos eficientes sí, ¿pero y el frío?

Si eso de “ayudar al medio ambiente” no es motivación suficiente, las medidas de limitación de la movilidad en las áreas urbanas son mucho más convincentes. Todo el sector del transporte está buscando alternativas no contaminantes o de bajo consumo: vehículos de bajas emisiones, eléctricos o, por qué no, una vuelta a la tracción de sangre en forma de cargo bikes, por ejemplo.

De todas maneras, en el caso específico del transporte frigorífico, y aunque nuestro vehículo cuente con la etiqueta Eco, 0, B o C de rigor, seguimos teniendo el problema de mantener el sistema de frío activo funcionando. O mantenemos el motor en marcha o tiramos de batería eléctrica. En todo caso, el consumo y la contaminación, directa o indirecta, siguen ahí.

Soluciones ligeras de frío pasivo

Así, el único camino que lleva a un transporte refrigerado sostenible pasa por el frío pasivo, que no implica un consumo energético. En realidad, no es ninguna novedad: ya hay muchos reefers y vehículos tractores de toda talla y condición que apuestan por un aislamiento eficiente y elementos como los acumuladores de frío o el hielo seco

En la actualidad estamos asistiendo a una popularización y diversificación de las soluciones basadas en frío pasivo para vehículos. La expansión de las soluciones ligeras es especialmente significativa por el auge de vehículos pequeños (de la furgoneta al triciclo) para la distribución de última milla, porque no requieren instalaciones costosas ni hacen aumentar su peso (ni su consumo). Podemos hacer lo mismo con un impacto ambiental y un coste económico menores. Ahí está la clave.

 

A “smart cities”, “smart solutions”

No es solamente una cuestión de ZBE e impuestos (que también); es, ante todo, una cuestión de responsabilidad ambiental. Y ahí el problema va mucho más allá de una multa…